domingo 19 de febrero de 2012

George Didi-Huberman. Ante el tiempo

La "revolución copernicana" de la historia habrá consistido, en Benjamin, en pasar del punto de vista del pasado como hecho objetivo al del pasado como hecho de memoria, es decir como hecho en movimiento, hecho psíquico tanto como material. La novedad radical de esta concepción -y de esta práctica- de la historia, es que ella no parte de los hechos pasados en sí mismos (una ilusión teórica), sino del movimiento que los recuerda y los construye en el saber presente del historiador. No hay historia sin teoría de la memoria...

jueves 2 de septiembre de 2010

Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires

Filba 2010
Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires Del 1º al 5 de septiembre

Página con la programación y las sedes: http://www.filba.org.ar/

martes 24 de agosto de 2010

Alberto Greco - Fiesta

Tu cuerpo, tu rostro lucen transparencias
como si las azoteas
ó los ríos
ó los helechos
ó cualquier grillo
te hubieran creado con seis gotas de lluvia.

martes 20 de julio de 2010

La Pena de Muerte - María Elena Walsh

Fuí lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.
Fuí condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
Fuí descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
Fuí condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la justicia.
Fuí quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.
Fuí enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.
Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme ó convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.
Me condenaron de facto, por imprimir líbros subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.

A lo largo de la historia, hombres doctos ó brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable.
Jamás dudaron de que el castigo fuese ejemplar.

Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.

domingo 18 de julio de 2010

Paulo Freire - La educación como práctica de la libertad

La educación de las masas se hace algo absolutamente fundamental entre nosotros. Educación que, libre de alienación, sea una fuerza para el cambio y para la libertad. La opción, por lo tanto, está entre una "educación" para la "domesticación" alienada y una educación para la libertad. "Educación" para el hombre objeto o educación para el hombre sujeto.

miércoles 2 de junio de 2010

Fotonovela - Estrella del Oriente

http://www.estrelladeloriente.com/

domingo 30 de mayo de 2010

Susan Sontag - Contra la Interpretación

En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte.

lunes 22 de marzo de 2010

Michael M. irrt durch Buenos Aires, Paul Zech

Caminé a lo largo de una calle interminable, siempre en línea recta... Has llegado a Buenos Aires, Michael, ahora prepárate para la ciudad y para lo que quieras ser en ella.

miércoles 17 de febrero de 2010

Desde el Silencio de mi Pueblo, Osvaldo Maidana

La vida de los niños depende de la comunidad. Le pertenecen a ella. Sus éxitos y fracasos se inscriben en ella. El respeto y la tolerancia se escriben con amor.
Es el niño el creador por excelencia. Por esta razón crece jugando. Decimos "crea sus juguetes", por eso los ama. No debe el adulto inmiscuirse en ello.
Para el adulto, el tiempo de su creación auténtica, pasó.
Esta es la razón por la cual el niño percibe con verdadera intensidad el extraño poder de la vejez. Está allí la proyección y creación simbólica de las alturas. La montaña con sus nieves perennes, son los abuelos existenciales y se bifurcan en género.
Las experiencias positivas de los hombres y mujeres simples con auténtica sabiduría, se asemejan a aquellas cumbres albas, donde el silencio es la voz de lo insondable y la sonrisa sin estridencias.
Es la música y el color de la danza. Es el rito que permite el diálogo. Pura mística milenaria.

miércoles 6 de enero de 2010

Ante el tiempo. Georges Didi-Huberman

Ya estamos "precisamente allí donde se detiene el dominio de lo verificable", precisamente allí "donde comienza a ejercerse la imputación de anacronismo": estamos ante un tiempo "que no es el tiempo de las fechas". Ese tiempo que no es exactamente el pasado tiene un nombre: es la memoria. Es ella la que decanta el pasado de su exactitud. Es ella la que humaniza y configura el tiempo, entrelaza sus fibras, asegura sus transmisiones, consagrándolo a un impureza esencial.

domingo 20 de diciembre de 2009

Espantapájaros 21, Oliverio Girondo

Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas "Pescado frito", que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a tí, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.

sábado 19 de diciembre de 2009

Shan-Shui-fu, Wang Wei

Bajo la lluvia, no se distingue ni cielo ni tierra, ni este ni oeste. Cuando sopla un viento sin que llueva, la mirada esa atraída sobre todo por las ramas de los árboles que se agitan. Los días de lluvia sin viento, en cambio, los árboles parecen aplastados; los transeúntes llevan sus sombreros de lluvia y los pescadores sus abrigos de paja. Después de la lluvia, las nubes se desvanecen y asoma un cielo azul aureolado de suaves neblinas; las montañas redoblan sus detalles de esmeralda, mientras el sol, que lanza rayos oblícuos, parece muy cercano. Al amanecer, los picos se desprenden de la noche; en la luz naciente, donde aún se entretejen colores confusos y la niebla plateada, mengua una luna vaporosa. Al atardecer, en el horizonte dorado por el ocaso, unas velas corren sobre el río. La gente se recoge apresuradamente, las casas tienen las puertas entornadas. En primavera, el paisaje se envuelve en nieblas y vapores; los ríos tiran a azul, y ellas, las colinas, al verde. En verano, árboles altos y antiguos ocultan el cielo; no hay rizos en el lago; en la montaña, el salto de agua parece caer de las nubes, y en el pabellón solitario se siente la frescura del agua. En otoño, el cielo tiene el color del jade; frondoso y secreto se torna el bosque; los gansos salvajes vuelan por sobre el río; unas garzas están en la orilla. En invierno, la nieve crubre la tierra; un leñador camina, cargado de fajos; donde las aguas bajas llegan a la arena, un pescador arrima su barca.

domingo 22 de noviembre de 2009

Violetas para Violeta, Joaquín Sabina

Los pobres no somos ricos
ni el cobre es más que la greda,
la libertad cierra el pico
desde que hay toque de queda,
pregúntale a los milicos
qué hicieron en La Moneda.

El carrito de Eneas, Daniel Samoilovich

Vulcano ha grabado en el barral izquierdo
con gran arte y contento, una legión
de tenderetes obviamente ilegales
mas no por ello menos coloridos:
todo el comercio y la quincallería
del oriente más lejano y tramposiento, las radios
que te despiertan en la madrugada
con noticias falsas y siniestras, las pilas más vencidas,
las biromes que han de estallar en tus bolsillos
llenándolos de una brea azul, imborrable como el odio,
los paraguas que, como memento
de nuestro único paso por la tierra, han de abrirse
sólo una vez, las medias corredizas
como nudos de horca, los pañuelos
que han de rasparte la nariz hasta que luzca roja
cual faro del infierno, las más impúdicas bombachas,
las artesanías más cretinas, dos abuelos
que sonríen dulcemente, cada uno al cabo
de un cable enrulado de teléfono, ese rompenueces
con que alguno ha de quebrar el cuello de su novia,
las tramontinas con dientes especiales
para matarse en una tarde de domingo,
las calculadoras para contar lo infinito de tus deudas,
las pelotitas que rebotan hasta el cielo azul celeste,
revistas de crucigramas ya resueltos,
remeras distinguidas con el más triste de los cocodrilos,
lupas, a ver si encuentras todavía
el tamaño de tu hombría, adaptadores
de dos patas a tres agujeros, de tres patas a dos agujeros,
de una sola pata
a una población entera de agujeros negros,
camisetas de tu equipo preferido, cualquiera que fuera,
y cualesquiera hubieran sido las alegrías o tristezas
que en otro tiempo te hubiera procurado;
y, más, Marforio, más, pavas, sartenes, chanclos, zapatillas,
y relojes, relojes, relojes
que al unísono marcan las horas que te huyen,
las horas que te quedan: todas, Marforio, hieren,
la postrera mata; aquí está todo lo que esquifes y camellos
trajeron a través de la porosa frontera
o se cayó de los camiones que, bravíos,
surcan las rutas de la patria,
de los autobuses aligerados al pasar por la villa 31,
toda la variedad de la humana industria
está aquí desplegada sobre alfombras,
sobre trapos, frazadas, caballetes
cuyas patitas flacas apenas soportan
esta ingente, riquísima carga.

viernes 13 de noviembre de 2009

Estética, Benedetto Croce

XVII La Historia de la literatura y del arte
Esta breve exposición del método con que se obtiene la reintegración de las condiciones originarias en que fue producida la obra de arte y, por consiguiente, la posibilidad de la reproducción y del juicio, muestra cuán importante es la función que realizan las investigaciones históricas concernientes a las obras artísticas y literarias, eso que se llama frecuentemente el método o la crítica histórica en la literatura y en el arte.
Sin la tradición y sin la crítica histórica, el goce de todas o de casi todas las obras de arte se habría perdido irremisiblemente; seríamos poco más que animales, insertos en el solo presente o en un pasado inmediato. Es de fatuos despreciar o reírse del que reconstituye un texto auténtico, explica el sentido de palabras o costumbres, investiga las circunstancias en que vivió un artista, y lleva a cabo todas esas labores que resucitan la hechura y el colorido original de las obras de arte.

viernes 6 de noviembre de 2009

La muerte del autor, Roland Barthes

Balzac, en su novela Sarrasine, hablando de un castrado disfrazado de mujer, escribe lo siguiente: "Era la mujer, con sus miedos repentinos, sus caprichos irracionales, sus instintivas turbaciones, sus audacias sin causa, sus bravatas y su exquisita delicadeza de sentimientos". ¿Quién está hablando así? ¿El héroe de la novela, interesado en ignorar al castrado que se esconde bajo la mujer? ¿El individuo Balzac, al que la experiencia persona1 ha provisto de una filosofía sobre la mujer? ¿El autor Balzac, haciendo profesión de ciertas ideas «literarias» sobre la feminidad? ¿La sabiduría universal? ¿La psicología romántica? Nunca jamás será posible averiguarlo, por la sencilla razón de que la escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen. La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que van a parar nuestro sujeto, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe.

martes 27 de octubre de 2009

En Grand Central Station me senté y lloré, Elizabeth Smart

Primera Parte
Estoy en una esquina en Monterrey, de pie, esperando que llegue el autocar, con todos los músculos de mi voluntad reteniendo el terror de afrontar lo que más deseo en el mundo. La aprensión y la tarde de verano me resecan los labios, que humedezco cada diez minutos, a lo largo de las cinco horas de espera.
Pero es ella, son sus ojos los que se adelantan, de entre los vulgares pasajeros, para tranquilizarme: el autocar no ha traído desastre. Sus ojos de madona, suaves como niños, confiados como quienes ignoran el mal. Y por un momento, ante esa mirada, me siento feliz de renunciar a mi futuro, de aplazar indefinidamente el milagroso incendio. Sus ojos llueven inocencia y sorpresa sobre mí.
¿Y si fuera ella, a fin de cuentas, ella a quien yo jamás esperé ni imaginé, la destinantaria de las enrevesadas estratagemas del azar? Detrás, aparece aquel a quien he esperado tanto tiempo, aquel que insoportablemente ha cruzado a zancadas mis más nocturnos sueños, manoseando con torpeza el equipaje y los billetes, y arrastra los pies hacia el acontecimiento, que la excesiva expectación ha hecho jirones.
Pues, a fin de cuentas, ella lo es todo. Nos sentamos en un bar y bebemos café. Él refiere las aventuras compartidas y dice "Así fue, ¿verdad cariño?", "Hice bien, ¿no crees, cielo?" y ella sonríe feliz, con una confianza que da miedo.
¿Cómo puede caminar por las calles, tan vulnerable, tan desprevenida, sin que la sigan personas y perros y perpetuas catástrofes? Pero la fe, como una enredadera, se entrelaza sobre ella protegiéndola de las miradas, como los estanques de los bosques de Epping. Bien veo que puede cruzar el malévolo mundo sin que nadie la hiera, excepto los que ama. Pero yo la amo, y su silncio es propaganda para la santidad.
En coche recorremos, cantando juntos, la costa californiana, y yo de pies a cabeza renuncio a él sólo para no perturbarla. Salvaje gira la carretera por salientes de las montañas y los acantilados. El Pacífico en espasmos azules alcanza todos los superlativos.
¿Por qué no me arrojo desde este acantilado en el que enferma de luna paso horas acostada? Sé que estos días me ofrecen asesinato como único futuro. No sólo los dedos sigilosos del frío me alejan de la acción, haciéndome aceptar la hipócrita esperanza de que puede haber algún remedio. Como Macbeth, no dejo de recordar que yo soy su anfitriona. Es pues el desayuno de mañana, más que la sangre futura, lo que me ordena una paciencia fatal. La naturaleza, ramera perpetua, distrae con lo inmediato. Semejante falacia vuelve mis ojos huidizos, y surcando la cosquilleante hierba, me arrastro de vuelta a mi cama.

domingo 25 de octubre de 2009

El libro de los abrazos, Eduardo Galeano

Los Nadies



Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

El Mundo al Revés, Beverly West & Nancy Peske

La Ilíada
Canta, oh diosa, la lujuria de Paris, hijo de Príamo, que trajo incontables males a sus compatriotas por no haber sabido mantener abrochada la bragueta; y la cólera de Menelao, que trajo la desgracia a los aqueos. Habiendo perdido su atractivo sexual para la maravillosa, divina, adorable, autorrealizada y en absoluto codependiente Helena, Menelao llevó a los aqueos a la guerra. Desde luego todo podría haberse evitado si él hubiese aprendido a ser un poco más sensible a las necesidades de aquella mujer de abolengo, hermosa, sensual, autónoma e inteligente, que vivía oprimida por las limitaciones de una arcaica cultura patriarcal y le planchaba las malditas togas. O sea que sí, vale, él era el rey: pero era un cabrón y las exigía bien almidonadas.
Vino a ocurrir pues que cuando Paris, hijo de Príamo, príncipe de Troya (que no sólo lucía unos atractivos rizos y se sabía una cantidad de trucos amorosos sino que era un espléndido primera lira en una banda alternativa de Troya), se presentó en las costas aqueas, Helena decidió volverse a Troya con él a cantar el estribillo de acompañamiento. Al conocer su plan, Menelao clamó al Olimpo, y Zeus, a quien también le gustaban las togas planchadas con mucho apresto y estaba por tanto en situación de deplorar la pérdida de una buena lavandera, respondió a sus lamentos. Zeus acudió al orgulloso y fiero hermano de Menelao, Agamenón, para que convocase a Aquiles, a Heracles y a todos los aqueos; y del mismo modo que una ola poderosa se precipita tronando sobre la arena, desatada su furia por el viento del oeste, así partieron a la batalla las compactas falanges de los danaos.
-Disculpa, pero ¿quién te dijo que podías poner en marcha un ejército, así, por las buenas, sin siquiera consultarme?-exclamó Helena, que poseía un sentido muy marcado de los límites-. Es que tú eres muy tuyo. Nunca me pides mi opinión sobre nada. Siempre estás con lo de "Sírveme una copa, Helena", "Mata un carnero gordo para la cena, Helena", "Ve a botar un millar de barcos, Helena". Estoy harta, ¿comprendes? ¡Harta! Te voy a abandonar y me voy a ir con Paris. Es un hombre considerado. Posee dones que le ha otorgado la áurea Venus, no necesita demostrar su virilidad iniciando una guerra mundial, y manda a lavar y planchar la ropa fuera.
En aquel momento salió Paris con aire satisfecho de los aposentos de Helena, con sus atractivos rizos dorados refulgiendo a la luz del crepúsculo. Apagó con el pie el Lucky Strike y habló a Menelao de esta forma:
-A ti podría aplastarte también como a un cigarrillo sin filtro contra las rocas de mi pasión, atrida cabrón. Mírate, con esas piernas enclenques y la coronilla canosa. Ni todas las falanges de danaos del mundo pueden restaurar tu virilidad marchita. Si no tienes cuidado te pegaré una buena tunda.
-¿Ah sí? ¿Tú y cuántos más?- bufó Menelao, al tiempo que alzaba su poderosa espada con intención de partir en dos a Paris-. Y para que lo sepas, yo tengo a Zeus de mi lado.
-Bah, la poderosa Minerva me respalda.
-Bah, a mí la poderosa Atenea me encuentra atractivo.
-Bah, la poderosa Venus sonríe a los troyanos.
-Oh, a quién le importa lo que piense esa vieja ramera de...
-¡Vaya par de repugnantes machistas cabezones!- exclamó Helena-. Supongo que os dais cuenta de que este tipo de comportamiento establecerá los cimientos de una tiránica religión patriarcal que impondrá su deficiente estructura moral a los menos afortunados de este mundo a través de la explotación económica y espiritual de las masas. Coged vuestros panteones y metéoslos donde os quepan, que yo no iré a ninguna parte con ninguno de vosotros.
-Pero, cariñito- protestó Paris-, si no vienes conmigoo no habrá guerra de Troya, ni gloriosos poemas épicos que celebren la carnicería de millares de hombres, ni estructura narrativa lineal, ni tradición oral, ni un canon de Occidente. La gente confiará en los griegos portadores de regalos, y en los drugstores sólo venderan Sheik, Fiesta y Gold Coin. Se habrán perdido todas las bases de la civilización occidental.
-En buena hora- dijo Helena, que irguió la espalda, echó hacia atrás la cabeza y declaró-: Estoy hasta el gorro de todo esto, y además ninguno de los dos encendió jamás la luz de mi pasión. Desde que volví de aquel retiro durante las fiestas dionísiacas de la primavera pasada donde en comunión con la Naturaleza estuve corriendo por la ladera de las colinas, desgarrando la carne de animales salvajes, cantando melodías al estilo frigio y retozando con los sátiros, no he vuelto a sentirme colmada. Y ahora que hay luna llena y en las viñas están maduras las uvas, siento que bulle mi sangre, caliente y primitiva, y que ansío despedazar y devorar al primer hombre que se me ponga por delante.
Menelao, Paris, Agamenón, Aquiles, Heracles y las compactas falanges al completo guardaron mortal silencio mientras se ajustaban los cinturones.
Helena, animada por la fuerza interior de su feminidad, y con un destello de extraña ansiedad en la mirada, continuó:
-Hay una pequeña isla llamada Lesbos donde las tías como yo, que se sienten infelices, pisoteadas por la sandalia del patriarcado, adoptan la vida en comunidad y el culto a una diosa. Son autosuficientes y pasan los días cantando alabanzas amorosas al son de una lira desafinada, desarrollando su propia historia. Es probable que a Safo, la voz solista, le viniera bien una cantante titulada e inteligente. Estoy decidida a irme a Lesbos a desarrollar mis posibilidades de vocalista, a dedicarme a la lira grave, a no volver jamás a afeitarme los sobacos ni a ser jamás propiedad de ningún hombre ni de un Estado machista. Quedaos con vuestra guerra si queréis, pero a mí no se me moverá un pelo por ella ni pienso tampoco lavar las copas vacías al día siguiente.
Así habló Helena, que giró sobre sus talones y se fue a instaurar su propia historia y a ejercer su influencia sobre futuras generaciones de féminas rebeldes.